GERD MULLER: Del techo del mundo a la depresión y el alcoholismo

Tradotto da FERNANDO JORGE MERINDOL

“De verdad no se como todos los otros pudieron. Muchos de ellos siguieron dentro del ámbito futbolístico como entrenadores, dirigentes, representantes. Otros han cambiado radicalmente el campo de acción. Algunos entraron en los negocios, comprando o empezando empresas. ¡El loco Sepp Majer trabajó por un tiempo en un circo! Todos de una forma u otra salieron adelante. Yo en cambio no pude llenar ese vacío.
Sabía que sería duro.
Pero no “tan duro”.
Un poco lo imaginaba.
Para ellos sería más fácil.
En fondo cuando jugábamos juntos en el Bayern Münich o en la Sección alemana ellos tenían que defender, marcar un delantero, atajar los tiros adversarios o correr por los laterales y tirar el centro. Todas cosas que son fáciles de olvidar, guardar como un álbum de fotos en un cajón y seguir adelante.
Yo en cambio HACÍA GOLES.
No tiene comparación.
El gol es todo.
El gol es obsesión ANTES y liberación DESPUÉS.
Y están esos 5 segundos posteriores en los que el balón supera la maldita línea blanca.
Ahí, esos 5 segundos son una DROGA.
En esos 5 segundos no sabes quien eres, donde estás o que cosa estás haciendo. Embriaguez, raptus, locura, éxtasis, felicidad… elijan ustedes la palabra adecuada.
Esos 5 segundos fueron mi droga por más de 20 años… y lo tengo que admitir… ¡DROGADOS como el que escribe en la historia del fútbol hay muy pocos!
68 “dosis” en 62 partidos con la Selección de mi país.
35 en 35 encuentros en Copas Europeas.
662 en 725 partidos con los 3 clubes que jugué en mi carrera.
El gol es todo.
Pelé dijo una vez que hacer un gol es como tener un orgasmo. Muchos pensaron que estaba equivocado o que hubiera exagerado. Yo también pienso que estaba equivocado. De hecho no tiene comparación. Hacer un gol es lo mejor de todo. Y no solo por esos famosos 5 segundos. También por lo que significa “después”. El dulce recuerdo de disfrutar hasta el próximo partido, el alivio del deber cumplido.
Pero hasta el siguiente partido.
Donde todo comienza de nuevo.
Donde el gol vuelve a ser una obsesión y sabes que necesitas desesperadamente otra “dosis”.
Para mi fue así durante años.
Hasta a aquel día de diciembre de 1981 cuando tuve que decir basta.
Mis piernas gruesas y torcidas no daban más.
¡Aunque si con la mente hubiera podido jugar 10 años más!
El día después estaba ya cayendo al fondo del agujero negro donde me encuentro ahora.
No tenía más nada de mi vida precedente. Los días con mis CERTEZAS, mis RITOS y mis HÁBITOS se habían terminado. Para siempre. Entrenamientos, partidos, concentraciones, viajes, reuniones técnicas, los compañeros de equipo, el vestuario, los chistes, los almuerzos, las pretemporadas. Ritmos maravillosamente siempre iguales, tiempos marcados y conocidos. Todo centrado para el partido. Y al gol, mi droga. Ahora todo esto no está más. Se terminó para siempre y yo me siento completamente perdido.
Miro a mis viejos amigos. Sepp, Uli, Franz… ¡hasta Hanz-Georg y su kiosco de diarios! Están serenos. Yo, pasados más de 10 años me quedé en ese momento. Más aún, en ese día de julio de 1974. Cuando me di cuenta, en el exacto momento en el cual mi tiro contra Holanda había superado la maldita línea blanca de la portería, que no habría vivido más un momento como ese.
Y tenía razón.
Un gol mío le había dado a mi país el Mundial de Fútbol. Ese día estaba en la cima del mundo… ahora estoy en el agujero del culo del infierno.

Es el verano de 1992.
Gerd Müller, el más grande centrodelantero de la historia del fútbol alemán, es desde hace años un alcohólico. La depresión que lo ha golpeado prácticamente apenas terminada su fantástica carrera lo ha llevado a buscar en el alcohol el remedio en grado de calmar el dolor de una vida ya sin el fútbol. Sin los goles. Franz Beckenbauer, Sepp Maier y Karl-Heinz Rummenigge, grandes jugadores del pasado del Bayern Münich y los dos primeros compañeros de equipo de Müller en el período de oro del fútbol alemán en los años ’70, están en el aeropuerto de Münich a la vuelta de un viaje con el team.
Pasan adelante del bar con sus valijas. Ven a un hombre con la barba larga, desaliñado y en evidente estado de confusión. Parece mucho más viejo de su edad pero lo reconocen. Es Gerd Müller, el mejor centrodelantero de la historia del fútbol alemán. No pueden soportar ver a su amigo y compañero de tantas batallas reducido en aquel modo. Serán ellos tres a ocuparse de Gerd, pagándole la internación en una clínica donde desintoxicarse del alcohol y una vez recuperado insertarlo en el staff del sector juvenil del Bayern Münich.
Donde Gerd Müller trabajará por más de 20 años, primero sobre el campo poniendo a disposición su enorme experiencia para los jóvenes de las divisiones menores y después como dirigente. Pocos años atrás, en el 2015, es el Bayern mismo a anunciar que “Der Bomber” (así lo llamaban todos los hinchas alemanes) está enfermo de Alzheimer.
Ahora está en una clínica, fatiga a reconocer a los viejos compañeros y recuerda muy poco de su gran pasado. Pero en el Bayern Münich nunca nadie lo ha dejado solo. Aunque porque sin Gerd Müller el Bayern Münich no hubiera sido lo que fue.

Gerd Müller nació en Nordlingen el 3 de noviembre de 1945.
En una Alemania destruida por el reciente conflicto bélico Gerd crece prácticamente en la miseria pero en su Nordlingen no hay nadie que tenga dudas sobre cual será el futuro del chico: en lo más alto del fútbol alemán.
A los 19 años el Bayern Münich lo recluta en sus filas.
Gerd primero está desilusionado. Para él existe un solo equipo, aquel del cual es hincha fanático y donde sueña jugar: el Nuremberg. El Bayern además está en la Segunda División alemana y su apuesta al futuro es por los jóvenes como él, por el centrocampista Franz Beckenbauer y el portero Sepp Maier para ascender a la Bundesliga. Inútil decir que con tres talentos de esa jerarquía el objetivo viene alcanzado enseguida, gracias a los 39 goles en 32 partidos hechos por Gerd Müller. Y todo esto no obstante el escepticismo inicial del Míster del Bayern de entonces, Zlatko Cajkovski, que la primera vez que lo vio dijo de él “¿qué pretenden qué haga con este petiso y gordito muchacho?”. Hasta el 18 de octubre de 1964 para Gerd no hay espacio en el primer equipo. Diez partidos del campeonato en los cuales espera impaciente su oportunidad.
Pero la montaña de goles en el equipo reserva del Bayern y la presión de muchos dirigentes del Club convencen a Míster Cajkovski a incluir a Gerd en el primer equipo. No saldrá más para convertirse con Branko Zabec, el nuevo entrenador yugoslavo del Bayern, en el principal terminal ofensivo del equipo.
De ahí en más el Bayern Münich se convertirá en el equipo más importante de Alemania.
Dos temporadas después de su llegada al Bayern Münich debuta en la Selección. Pero su consagración llega en 1970.
Alemania va al Mundial de México como outsider pero después de un regular comienzo contra Marruecos (victoria por dos a uno) el equipo despega. El veterano goleador Uwe Seeler se sacrifica como espalda de Müller y los resultados son enseguida espectaculares.
Gerd convierte tres goles en cada uno de los dos partidos siguientes contra Bulgaria y Perú y el gol que en cuartos de final mandará a casa a los ingleses campeones en carga permitiendo así a los alemanes de jugar la histórica semifinal del Azteca contra Italia donde otros dos goles no serán suficientes para Alemania Occidental para alcanzar la final contra el gran Brasil de Pelé. Los 10 goles en el torneo le valdrán el título de goleador y al final de la temporada el prestigioso “Balón de oro” de France Football. Desde ese momento en adelante Gerd Müller se volverá imprescindible cimiento sobre el cual Alemania Occidental y el Bayern Münich construirán sus logros. Europeo de 1972 y Mundial de 1974 con la Selección y bien tres Copas de Campeones consecutivas para los bávaros.
La final mundial contra Holanda será su último partido con la Selección alemana.
Desacuerdos con la Federación lo convencen a renunciar para siempre a la camiseta blanca de Alemania Occidental. Con apenas 29 años.
Pero con el Bayern Münich su hambre insaciable no se calma, al contrario. Después de la increíble explosión en 1972 (85 goles hechos en el año solar… en 60 partidos oficiales) para el Bayern de Müller, Beckenbauer, Maier y Hoesness llegan como dicho anteriormente tres títulos consecutivos en la Copa de Campeones entre 1974 y 1976.
En dos de ellos sus goles serán decisivos también en la final.
Primero con dos goles a los “Colchoneros” del Atlético de Madrid en la repetición del match y después con el segundo gol que derrumbó las veleidades de los ingleses del Leeds United en la final de París en 1975.
Müller continúa a convertir con impresionante regularidad también en los años siguientes.
No tiene más la rapidez de un tiempo pero parece que su increíble oportunismo se haya ulteriormente agudizado. “Donde está la pelota está también Gerd Müller” dirá de él su compañero Paul Breitner.
Pero en 1979 hay discrepancias crecientes entre Müller y la dirigencia del Bayern. La lógica diría que con el equipo alemán “Der Bomber” debería cerrar su maravillosa carrera.
No será así. También para él llega la llamada de la NASL, el campeonato de fútbol de Norte América que en esa época atraía jugadores del calibre de Pelé, Beckenbauer, Best, Cubillas y Giorgio Chinaglia. Gerd llegará al Fort Lauderdale Strickers donde se confirmará como un despiadado goleador y donde en su segunda temporada llevará con sus goles a los “Strickers” a la final después perdida contra el Cosmos de Pelé y del goleador del torneo Giorgio Chinaglia.
En 1981 como ya dicho cerrará su increíble carrera entrando lamentablemente en un espiral de depresión y alcoholismo de la cual saldrá con gran fuerza de carácter y con la preciosa ayuda de los viejos amigos de tantos triunfos.

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES

De Gerd Müller desde chico llamaba la atención su gran educación, modestia y humildad. Cuando todos en el Bayern se asombraban por el ostracismo de Míster Zlatko Cajkovski hacia él la infaltable respuesta de Gerd era “es inútil seguir hablando. La única manera de convencerlo serán mis goles. En reserva, en amistosos y en los entrenamientos”.

Uno de los más grandes recursos de Gerd era su increíble determinación. Al final de la temporada 1970/71 la desilusión por no conquistar el título con el Bayern (superado por dos puntos del Borussia Monchengladbach) y su personal derrota en la tabla de goleadores (el “Cañón de oro” así rebautizada en la Bundesliga) superado por Lothar Kobluhn por dos goles, convencen a Gerd a renunciar a las vacaciones de verano. Las pasará entrenando. Al inicio de la pretemporada sus compañeros casi no lo reconocían. Se presentó con bigotes y barba pero sobre todo con 4 kg menos y un físico musculoso como nunca antes. El “premio” por ese verano de sacrificios y renuncias será una temporada memorable terminada con el Bayern campeón de Alemania y de Gerd con un récord de goles todavía vigente en Bundesliga: 40 en 34 encuentros.
El año solar 1972 será como antes mencionado aquel de un récord capaz de resistir hasta el 2012. Gerd Müller, en el año en que Alemania Occidental se consagró Campeón de Europa, realizó la friolera de 84 goles oficiales en sólo 60 partidos. Cuarenta años después Messi fue capaz de hacer 91 pero jugando 9 partidos oficiales más que el atacante alemán.

Beckenbauer fue siempre uno de sus más grandes admiradores. “Era feo de ver, con esas piernas cortas y gruesas y los hombros inclinados. Pero era veloz como un rayo y saltaba como una anguila. Con él no te podías distraer un segundo”.

Su habilidad en el juego aéreo fue una de las armas mejores de Gerd que con sus 174 centímetros no era cierto un gigante. Pero su elevación y su ubicación le permitían seguido superar a defensores mucho más grandes que él.

Siempre Beckenbauer cuenta de un cambio de palabras entre los dos durante un partido en el que el Bayern estaba sufriendo los ataques adversarios. “¡Gerd! No estaría mal si bajaras a darnos una mano en defensa” le grita el “Kaiser Franz”. “Seguro” fue la lapidaria respuesta de Müller “cuando tú vengas a ayudarme en el ataque a hacer algún gol yo bajaré en defensa a darte una mano”.

Pero son las palabras de Paul Breitner que confirman la importancia y el valor de esta fantástico atacante. “Sin él no hubiéramos ganado nada de lo que ganamos, con el Bayern y con la Selección. Y por nada digo absolutamente NADA”.

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Remo Gandolfi è nato e vive a Parma. Ha un patentino di allenatore messo in qualche ripostiglio a prendere polvere, ama il calcio, il ciclismo, la musica rock, la storia contemporanea, l’Argentina, tutti i piatti con il tartufo e la Guinness. E sull'amato pallone la pensa esattamente come Angel Cappa, figura romantica del calcio argentino: “Non si può ridurre il calcio solo al risultato, come non si può ridurre l’amore solo all'orgasmo”.

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