RICARDO BOCHINI: “El Woody Allen del futbol”

tradotto da FERNANDO JORGE MERINDOL

Nosotros ya lo sabíamos.
Y desde hacía mucho tiempo.
Recién había llegado a la Séptima del Club. Tenía solo 16 años pero alcanzaron pocos partidos para que se difundiera la voz entre los hinchas de “Los Diablos Rojos”.
Después de pocas semanas desde su llegada había el triple de espectadores que en la temporada pasada en los partidos de las inferiores.
Era la “joya” del sector juvenil.
Apenas dos años después debutó en primera (en el Monumental contra River, ¡pavada de partido!) y se convirtió rápidamente en una figura absoluta en un equipo que hacía tiempo estaba en lo más alto del fútbol argentino.
Cuando hizo aquel gol en Italia y contra un equipo italiano en la final de la Copa Intercontinental todo el mundo descubrió quien era Ricardo Enrique Bochini.
Era el 28 de noviembre de 1973.
La Juventus dominó el partido. Solo los palos del arco y algunos milagros de nuestro arquero Santoro nos mantuvieron con posibilidades. Faltaban unos diez minutos para terminar el partido. Bochini recibió el balón en la línea de mitad de cancha. Salió hacia adelante eludiendo un par de jugadores rivales. Llegando al área “bianconera” buscó a su “compinche” Daniel Bertoni. Le dio la pelota y Bertoni se la devolvió de primera. “El Bocha” se encontró adentro del área penal. Dos defensores achicaron sobre él mientras Dino Zoff, el arquero de la Juventus, salió a “barrer” sobre sus pies. En ese momento Bochini frenó su carrera, levantó la cabeza y con un toque sutil por arriba superó a Zoff en su desesperada salida. Fue un gol maravilloso. Fue el gol que decidió el partido. Fuimos Campeones del Mundo.

Pero desde aquel día en adelante empezamos a tener miedo.
Estábamos convencidos que sería solo una cuestión de tiempo antes de que llegara algún gran Club de Brasil, de México o incluso de Europa a llevárselo.
Tenía solamente 19 años y la Selección Argentina ya había puesto los ojos en él.
Al año siguiente se jugaría el Mundial de Alemania y todo el mundo habría conocido a este fenómeno que nosotros teníamos la posibilidad de ver en acción todas las semanas.
Después sucede algo absurdo, inexplicable y totalmente inesperado. Bochini para el Mundial no viene ni siquiera convocado.
No lo podía creer él y no lo podíamos creer nosotros que ya hacía un par de años que nos refregábamos los ojos y nos inflaba el pecho con sus increíbles jugadas.
Estaba el grupo de Huracán en ese entonces.
Grandísimo equipo que contribuyó mucho a hacer volver al fútbol argentino a su más pura tradición.
Brindisi, Houseman, Babington, Carrascosa… todos grandes jugadores.
El “Bocha” entremedio a ellos hubiera sido como un diamante en una hermosa corona.
No fue así.
Los más egoístas entre nosotros dijeron que era mejor así.
Sin aquella vidriera habríamos podido tener para nosotros a Bochini todavía por un tiempo.
“En el fondo tiene apenas 20 años. Jugará por lo menos tres mundiales”.
No me parecía justo.
Porque estaba absolutamente convencido que con Bochini en campo (esto también lo sabían también los egoístas) hubiésemos tenido una Selección mejor.
Pero después pensaba como hubiera sido ir a la “Doble Visera” y no verlo más en la cancha.
… Y terminaba por darle razón a los “egoístas”.
Pocos meses después el “Bocha” se tomó su revancha ganando la Copa Libertadores.
Para nosotros los hinchas del “Rojo” fue el tercer año consecutivo.
Teníamos un equipo fantástico.
Daniel Bertoni, “Pancho” Sá, Ricardo Pavoni, Rubén Galván, Agustín Balbuena, “Perico” Raimondo… todos grandes jugadores que el talento, la clase y la visión de juego del “Bocha” exaltaba, haciéndolos parecer todavía mejores.
En 1978 el Mundial se jugó en casa nuestra.
Pensábamos que o lo ganábamos esta vez o no lo habríamos ganado nunca más.
Eran tiempos oscuros para nuestro país. Una dictadura despiadada y muy astuta y protegida de poder ser escondida ante los ojos del mundo.
Esta vez fue la política a decidir.
La Junta Militar tenía sus preferencias y no había nada en la vida de los argentinos donde no tuvieran injerencia… ¡ni qué hablar en el fútbol, una de las razones de vivir de mi pueblo!
El General Carlos Alberto Lacoste, hincha fanático de River, quería al “Beto” Alonso entre los 22 de César Luis Menotti.
Alonso era un talentoso gran número 10.
Pero Ricardo Bochini estaba un escalón más arriba.
Menotti, que por cierto no era muy querido por la Junta Militar (sentimiento recíproco por parte del “Flaco”) fue obligado a aceptar.
Todavía hoy se dice que “Alonso entró en la lista en lugar del joven Diego Armando Maradona”.
Mentiras.
Alonso entró en el lugar que le pertenecía a Bochini y a ningún otro.
La “10” que habría debido ser de Bochini no la usó Alonso, fue endosada por Mario Alberto Kempes que era lo opuesto a Bochini.
Alto, potente, bello y con pelo largo.
Así Menotti se tomó una pequeña revancha y Norberto Alonso en aquel mundial tuvo un rol secundario.
Y así Bochini siguió aún con nosotros.
Aunque cuando al final del Mundial su socio preferido, Daniel Bertoni, se fue a Europa.
En ese entonces temblamos de miedo realmente. Sabíamos muy bien que Bertoni era un gran delantero… pero era Bochini a su lado que lo hacía parecer un “fuoriclasse”. En cambio el Sevilla se llevó solo a Bertoni dejándonos a Bochini que al no haber jugado ese Mundial no estaba evidentemente en la mira de los clubes europeos.
Para tomarse su enésima revancha no hubo que esperar mucho.
El 10 de enero para la final del Campeonato Nacional nos encontramos justo frente a River.
El River de Passarella, Fillol, Luque… y de Alonso y del General Lacoste.
La ida en el Monumental terminó 0 a 0.
La vuelta en nuestra cancha no le dimos escapatoria a los “Millonarios”: 2 a 0.
Bochini hizo los dos goles demostrando que también él, como Passarella, Luque, Fillol y Alonso hubiera merecido ser llamado “campeón del mundo”.
No jugó tampoco el Mundial de España de 1982 no obstante en aquella época estuviera probablemente al máximo nivel de su carrera.
Había muchos gallos en el mismo gallinero de esa Selección Argentina que fue a España a defender el título de Campeón del Mundo y que tal vez era superior a la que ganó el Mundial cuatro años antes.
A esa altura el “Bocha” estaba resignado y nosotros junto a él.
Por otra parte era el peor promotor de si mismo en un fútbol donde la “imagen” contaba siempre más. Ricardo Bochini parecía un jugador de otros tiempos… y no sólo por su incipiente pelada, su físico diminuto y poco atractivo.
Su timidez fuera de la cancha era proverbial.
Pocas entrevistas, nunca fuera de lugar, nunca polémico, enojado o agresivo. Jugaba y volvía a su casa con su querida madre Antonia.
En 1983 llegó al equipo un nuevo “compinche”.
Se llamaba Jorge Burruchaga. Jugaba a su lado en el mediocampo del “Rey de Copas”, como era conocido Independiente en toda Sudamérica.
Se complementaban a la perfección. Burruchaga conquistaba el balón, se lo daba a Bochini y se lanzaba en los espacios vacíos atacando la profundidad para después recibir las deliciosas asistencias del “Bocha”.
Un entendimiento perfecto.
“Guitarra rítmica el Burru y guitarra solista el Bocha” así decían en aquel tiempo.
Ganamos el Metropolitano, otra vez la Copa Libertadores (donde le dimos una lección de fútbol a los brasileños del Gremio) y nos presentamos de nuevo con diez años de diferencia a jugar una final de Copa Intercontinental.
Esta vez nada de partidos de ida y vuelta.
Final seca en Tokio.
Enfrente nuestro no había un equipo cualquiera, estaba el Liverpool de Kenny Dalglish, Ian Rush y Alan Hansen.
Por primera vez, a solamente dos años de la guerra de Malvinas, nos enfrentábamos a un equipo inglés.
Toda la Argentina hinchó por nosotros ese día.
Y nuestros muchachos no defraudaron.
Un gol de José Alberto Percudani después de unos pocos minutos nos alcanzó para traer de nuevo ese trofeo a nuestras vitrinas.
En aquel año (¡era hora!) Bochini obtiene el 3°puesto como mejor jugador de Sudamérica mientras el año anterior (¡finalmente!) el de mejor jugador argentino.
 Mientras tanto los años pasaban y Ricardo Bochini estaba reescribiendo la historia de nuestro Club.
Siguió con nosotros aunque si no era lógicamente el mismo jugador de temporadas anteriores.
Había perdido un poco de magia y su zona de maniobra se había reducido.
Pero si es posible había agudizado aún más esa increíble visión del juego que “le hacía ver autopistas donde otros ni siquiera veían un sendero”.
En 1986, finalmente, Carlos Bilardo lo incluyó entre los convocados para el Mundial de México.
El equipo giraba alrededor de Maradona pero solo quien haya nacido fuera de este país puede pensar que Burruchaga, Valdano, Ruggeri, Brown, Batista o Borghi fueran jugadores mediocres.
Para nuestro “Bocha” fue un premio a la carrera aunque tal vez hubiese merecido algo más que un desfile de un cuarto de hora contra Bélgica.
Continuó a jugar a alto nivel por otras 4 temporadas y en 1989 alzamos al cielo otra vez el trofeo de Primera División.
Parecía como si tuviera un mapa de la cancha en su cerebro. Y sabía siempre donde estaban sus compañeros de equipo.
Era eterno, incombustible y resistente.
A pesar de su físico que lo hacía parecer más viejo de lo que era.
“¡Van a ver, Bochini jugará para siempre!” era la frase que se escuchaba en cada partido en la Doble Visera.
Después llegó aquel día.
Aquel maldito día y aquel maldito jugador.
El Bocha recibió un balón en tres cuartos de cancha adversaria, hizo un amague y con el externo del pie mandó al bar a su directo marcador.
Siempre con la cabeza levantada, siempre con la pelota acariciándole el pie.
De atrás, fuera de tiempo y sin ninguna posibilidad de tocar la pelota, le llegó un patadón tremendo.
Ricardo Bochini cayó a tierra. Sentimos todos su grito. Salió en camilla.
Pablo Erbín, defensor de Estudiantes, hizo  lo que ningún equipo europeo o sudamericano había podido hacer en 20 años: sacarnos la felicidad pura de ver jugar nuestro número 10.
No veremos más al “Bocha” en un campo de juego.
Se cerraba así la historia de uno de los más grandes jugadores que se hayan visto en una cancha de fútbol.
Lo siento profundamente por aquellos que (lamentablemente son muchos) no pudieron verlo en acción.
Nosotros en el Club Atlético Independiente tuvimos suerte.
Ricardo Bochini fue, es y será siempre solo nuestro.



ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES

Uno de los más grandes admiradores de Ricardo Bochini sin ninguna duda es Jorge Valdano. Fue el primero a comparar al Bocha con Woody Allen. “Tienen ambos la cara de perdedores, un físico diminuto y poco atractivo. Parecen esos que en la escuela de chicos les pegaban todos. Pero los dos son GENIOS ABSOLUTOS de su profesión”.

Continúa siempre Valdano “Bochini era un genio que con la cabeza inventaba milagros y con el pie derecho los realizaba. Usaba el cuerpo entero para engañar a los rivales. Explicar al” Bocha” a quien nació fuera de Argentina es casi imposible”.

Antes de llegar a Independiente Bochini se probó en otros dos grandes equipos. San Lorenzo (de quien siempre se declaró hincha) y Boca Juniors… recibiendo en ambos casos la misma idéntica respuesta “no tiene el físico para jugar al fútbol”.

De chico la pelota para Bochini era una auténtica obsesión. Terminado el partido con su categoría en lugar de cambiarse se quedaba para la siguiente de la categoría mayor.
Se quedaba cerca del banco de suplentes esperando que en algún momento lo llamaran en causa…¡y visto su talento sucedía seguido!

Cuando llegó a Independiente lo mandaron a la pensión del club junto a muchos chicos de las inferiores. Cobraba un sueldo que no le alcanzaba para mantenerse y solamente gracias a la ayuda de sus amigos del barrio de Zárate pudo subsistir y continuar a jugar al fútbol. “Era demasiado tímido para pedir aumento… y demasiado feliz de jugar en primera para arriesgar de arruinar todo” recuerda hoy el “Bocha”.

Todos saben que Ricardo Bochini fue el gran ídolo de Diego Armando Maradona. Parece inclusive que la convocatoria de Bochini para su primer y único Mundial, el de México 1986, tuvo la intervención de Diego.
Memorables las palabras del mismo Maradona cuando, a menos de un cuarto de hora del final del match contra Bélgica, Bochini entró a la cancha en lugar de Burruchaga. “Adelante Maestro, lo estábamos esperando” le dijo Diego a Bochini de 34 años. Agregando que “jugar juntos un partido en un Mundial fue un gran premio. Pero fue un premio para mí, no para Bochini. El era tan grande que no lo necesitaba”.

Para el final el recuerdo de su “compinche” Daniel Bertoni con quien compartió la etapa en las inferiores y por más de un lustro en el primer equipo. “Me pregunto siempre si la gente de Independiente se da cuenta realmente de lo que fue Ricardo Bochini. Debería tener un orgullo enorme de saber que un jugador de su clase haya elegido jugar toda su carrera en este Club. Yo estoy seguro que en toda mi carrera no jugué nunca con alguien superior a él”.

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Remo Gandolfi è nato e vive a Parma. Ha un patentino di allenatore messo in qualche ripostiglio a prendere polvere, ama il calcio, il ciclismo, la musica rock, la storia contemporanea, l’Argentina, tutti i piatti con il tartufo e la Guinness. E sull'amato pallone la pensa esattamente come Angel Cappa, figura romantica del calcio argentino: “Non si può ridurre il calcio solo al risultato, come non si può ridurre l’amore solo all'orgasmo”.

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