Jan Jongbloed: Una vida fuera del área

“Cuando Rinus Michels me llamó para jugar un amistoso contra Argentina un mes antes del Mundial de Alemania pensé que era una broma de un amigo. ¿Yo en la Selección? ¿En un partido importante de preparación para el Mundial? ¡No puede ser cierto! ¡Tiene que ser una broma!
En la Selección había jugado una sola vez. Doce años antes y pocos minutos. Entré al final de un partido contra Dinamarca. Íbamos perdiendo tres a uno… me hicieron un gol a mi también. Después nada más.
Hasta aquel día de mayo.
Jugamos contra Argentina y esta vez fuimos nosotros los ganadores por cuatro a uno. Tuve una buena actuación en un encuentro que mis compañeros dominaron de principio a fin.
Toqué más balones con los pies y la cabeza que con las manos. Si, porque Rinus Michels me pide de jugar “como jugaba Gyula Grosics, el portero de la gran Hungría”. Yo no tengo ni idea de quien es. Entonces Michels me explica que fue el primer “portero-líbero” de la historia del fútbol, porque salía fuera del área a cortar los contragolpes adversarios. ¡Yo siempre jugué así por lo tanto no había ningún problema! En Holanda estábamos empezando a ser realmente buenos jugando al fútbol. Primero el Feyenoord y después el Ajax, durante tres años seguidos, trajeron a nuestro pequeño país la Copa de Campeones, el trofeo continental de clubes más importante.
Pero yo no jugaba en ninguno de los dos. Jugaba en el Door Wilskracht Sterk… en el DWS para hacerlo más fácil. Un pequeño equipo de Ámsterdam que navegaba en la parte baja de la tabla desde hacía varios años después de que habíamos ganado el campeonato en 1964. Con el fútbol ganaba poco. Lo que me daba de comer era mi cigarrera que también me dejaba tiempo para mis otras dos pasiones de mi vida: la pesca y el fútbol… ¡exactamente en ese orden! Llega el día de la segunda llamada de Rinus Michels. Está vez lo reconozco. “Jan, vas a venir con nosotros al Mundial de Alemania”. Después de los primeros instantes de estupor y alegría mi primera preocupación fue por mi actividad. ¿Y ahora? Voy a necesitar de ayuda porque mi mujer no puede ocuparse sola. Hay que cuidar al pequeño Erik que tiene once años y es un enfermo del balón. ¡Juega en puerta como yo y estoy seguro que va a ser mucho mejor del loco desgraciado de su padre! No todos lo toman bien al verme entre los convocados. La prensa holandesa está todavía más sorprendida de quien esto escribe al ver mi nombre entre los 22 que irán al Mundial.”¡La verdad es que si como tercer portero tenemos que recurrir a un veterano de casi 34 años no estamos bien!”. Esta era una de las más “dulces” entre las críticas que me hacían en los diarios y en la televisión de mi país.
Todos esperaban ver a Jan Van Beveren en mi puesto. Ocho años más joven que yo. Jugaba en el PSV que estaba llegando a la cima del fútbol holandés después de muchos años de dominio del Feyenoord y el Ajax. Pero las sorpresas todavía no habían terminado. Entrenamiento tras entrenamiento sentía que la confianza en mí aumentaba. Muchas veces era el mismo Johann Cruyff a felicitarme por mi habilidad con los pies.
“¡Jan, tienes dos pies mucho mejores de tantos jugadores que conozco!” me repetía seguido nuestro capitán y líder. Tener su bendición no era poca cosa.
El carisma de Johann y su influencia en las decisiones de Michels eran conocidas y evidentes para todos. Pero no podía por cierto imaginar que para el partido del debut en el Mundial de Alemania a entrar al campo al lado de Cruyff, Krol, Haan, Neeskens y Rensenbrink iba a ser yo.
“Jan, contra Uruguay juegas tú” me dijo Michels el día anterior al partido.
“Me sirve uno que esté listo para salir del área cuando haga falta. Los otros 10 se preocuparán de no hacer pasar a los rivales la mitad del campo… pero cuando lo harán te deberás ocupar tú”.
¡Y funcionaba así!
Era una cosa nunca vista antes sobre un campo de juego. Sucedía seguido que con los rivales en posesión del balón en vez de replegar y esperar un error como hacían prácticamente todos en aquel tiempo, el equipo completo iba hacia adelante a presionar al portador de balón adversario buscando de no hacerlo razonar y obligarlo al error. Y las pocas veces que la estrategia no funcionaba se necesitaba un portero que acortara la distancia entre los atacantes contrarios y nuestra portería… ¡y era la cosa que sabía hacer mejor en absoluto!
Habíamos ganado contra Uruguay, después empatamos contra los suecos antes de batir sin apelación a Bulgaria, Argentina y Brasil. Y yo, a pesar de todas las Cassandras, solo he concedido un gol hasta ahora… ¡y mi amigo Ruud Krol me lo ha marcado!
Mañana jugaremos la final del Campeonato del Mundo.
Enfrente tendremos a los patrones de casa, Alemania Occidental.
Son fuertes.
Fuertes y organizados.
Pero nosotros tenemos todos los papeles en regla para hacer “saltar” su organización. Cruyff, Rep, Rensenbrink y Neeskens pueden golpear en cualquier momento. Estamos a un paso de la cima, de convertirnos en CAMPEONES DEL MUNDO…
¿Se imaginan cuantos nuevos clientes en mi negocio? “

Jan Joengbloed y Holanda no ganarán el Mundial de Alemania 1974. Serán los alemanes occidentales de Beckenbauer, Müller & Co que salirán sobre el techo del mundo futbolístico. No obstante un mundial fantástico, jugado por los holandeses a un nivel excelso. No obstante aunque en la final Holanda le dará una lección de fútbol ofensivo a los alemanes.
El fútbol en ese verano de 1974 sufrirá la mayor revolución de su historia.
La Holanda de Rinus Michels fue el punto de inflexión entre el fútbol tradicional y el moderno.
“Fútbol Total” lo llamaban entonces.
Y JAN JOENGBLOED, el quiosquero de Amsterdam, se convirtió en aquel verano en el portero más revolucionario, anticonformista y desprejuiciado de la historia del fútbol.
Holanda perdió ese Mundial como también perderá aquel de Argentina cuatro años después, siempre en la final y siempre contra el país organizador del evento. En la portería también en aquella Holanda estaba Jan Joengbloed con casi treinta y ocho años.

Jan Joengbloed nace en Ámsterdam el 25 de noviembre de 1940. Pasa buena parte de su carrera en el Door Wilskracht Sterck, un pequeño pero aguerrido club de Ámsterdam en el cual juega bien 18 años temporadas (las últimas de las cuales el DKS pasará a llamarse FC ÀMSTERDAM) antes de pasar al Roda en 1977 y sucesivamente al Go Ahead Eagles en 1982…donde jugará hasta el retiro en 1986 con casi 46 años.
Jan se pone muy pronto en evidencia gracias a sus cualidades entre los palos decididamente particulares. Oportuno y valiente en las salidas, hábil con los pies y muy eficaz entre los palos aunque, con su físico robusto y torpe, no es precisamente agradable a la vista.
En septiembre de 1962, cuando todavía no había cumplido 22 años, hace su debut en la Selección. Holanda juega en Copenhague contra Dinamarca. Sufre una neta derrota (4 a 1) y Joengbloed es culpable relativamente. Entra a seis minutos del final pero justo a tiempo para encajar un gol.
Pasan 12 largos años hasta cuando viene llamado por Rinus Michels en vista del Mundial de Alemania. Junto a su  ropa lleva consigo un equipo de pesca. “¡Total no voy a jugar!” piensa Jan.
En cambio jugará todo el Mundial convirtiéndose, con su camiseta amarilla y el número “8” en la espalda, en uno de los protagonistas de aquella gran Holanda. En los 4 años siguientes juega en la Selección un puñado de partidos antes de ser reemplazado por el joven Piet Schrijvers en vistas del Europeo de Jugoslavia en 1976.
Pero cuando empieza el Mundial de Argentina Ernst Happel, el entrenador austríaco de los “oranges”, vuelve a confiar en el veterano Joengbloed.
Jan cumple con su deber en los dos primeros partidos en los que los holandeses terminan con la puerta inviolada. Pero en el tercer encuentro son derrotados por Escocia tres a dos y Joengbloed viene considerado uno de los “culpables” de la derrota. Piet Schrijvers volverá a ser titular pero para él el Mundial terminará pocos minutos después del inicio en el victorioso match contro los “azzurri” que les permitirá a los holandeses disputar su segunda final consecutiva de un Campeonato Mundial de fútbol. El portero del Ajax chocará con el defensor Brandts, que metiendo el balón en propia puerta, caerá encima de Schrijvers dejándolo fuera de servicio.
Joengbloed vuelve a la puerta.
Holanda, con el mismo Brandts y con un gol de Haan desde cuarenta metros, dará vuelta el resultado. Y así es que será otra vez el “kiosquero” Joengbloed a defender los palos de su Selección en una final de campeonato del mundo. Holanda perderá también aquella final aunque si el palo de Rensenbrink en el último minuto del tiempo reglamentario agitará las noches de los jugadores y de los hinchas holandeses por mucho tiempo. Terminado el mundial para Holanda es hora de dar vuelta la página y de tratar de reconstruir aquella maravillosa máquina de fútbol que fue la Selección Holandesa por casi una década.
Joengbloed es obviamente uno de los primeros “depurados”. No jugará nunca más un partido con la Selección y terminará su carrera con sólo 24 presencias… de las cuales al menos un tercio jugadas en la fase final de un Mundial. Regresará a Holanda, donde mientras tanto el fútbol se ha vuelto más popular y más rico. Pero Jan no cederá nunca su kiosco de cigarrillos aunque si ahora tiene más tiempo para dedicar a sus dos grandes pasiones: la pesca y el fútbol. Todavía se divierte mucho jugando y no tiene ninguna intención de ser un pescador de tiempo completo.
Es el 23 de septiembre de 1984.
Joengbloed está casi listo para salir al campo para un partido del campeonato contra el Sparta, en Rotterdam. Al vestuario entra un amigo de la familia. “Jan, viene conmigo. Tenemos que ir urgente a Ámsterdam”. Jan ni siquiera se cambia y sube al coche con el amigo. Lo que le espera es la peor cosa que le puede suceder a un padre. Su hijo Erik, portero como el papá, estaba jugando en esa misma tarde un partido del campeonato de Serie D holandesa. Se había desatado un violento temporal sobre el campo de juego y Erik estaba realizando un saque de meta cuando un rayo lo golpeó de lleno.
Erik, 21 años, hijo de Jan Joengbloed, morirá en aquel campo de fútbol. Jan Joengbloed no se recuperará nunca más completamente de aquello que sucedió ese día. Vuelve a jugar esperando que lo ayude a olvidar pero no es más lo mismo. Apenas un año después, durante un entrenamiento con el Go Ahead Eagles, sufre un infarto. Logran salvarlo pero es obvio que el fútbol empieza a ser parte del pasado. Es difícil no pensar que lo que le sucedió a su hijo Erik pueda haber influido en su estado de salud.
Hoy es un comentarista de la TV holandesa. Vendió su kiosco de cigarrillos pero sigue yendo a pescar… y nos deja un interrogante sin respuesta: ¿un portero con los pies de Joengbloed cuánto valdría hoy?

ANÉCDOTAS Y CURIOSIDADES
La elección de la camiseta número 8 en el Mundial de Alemania de Joengbloed fue debido al simple hecho de que los números fueron decididos en orden alfabético. El único a no respetar ese criterio fue Johann Cruyff que obviamente impuso de endosar su famoso número 14. Si hubiese respetado también él el criterio del orden alfabético habría jugado el Mundial de Alemania con… el número “1”.

Cuando se desencadenó en Holanda la polémica debida a la convocatoria sorpresiva de Joengbloed en lugar de la joven promesa Van Beveren uno de los primeros en defender al portero del DWS fue Johann Cruyff… ¡con una curiosa declaración! “Tal vez no es el mejor portero del mundo pero es muy simpático y llena de alegría el vestuario”… aunque si después, como ya dicho, gracias a la intercesión de Cruyff, Joengbloed jugará todos los partidos de aquel bellísimo Mundial.

Otra particularidad de Joengbloed era que no usaba guantes. “No siento el balón” decía para explicar su elección. “Me resulta más fácil pararlo sin guantes” agregaba Joengbloed… además, agregamos nosotros, usaba los pies y la cabeza probablemente más seguido que las manos…

Jan Joengbloed ha hablado en contadas oportunidades de la tragedia de su hijo Erik. Se sabe por cierto que aquel saque de meta lo estaba por ejecutar un compañero de equipo de Erik Joengbloed, el defensor Rob Stenacker. A último momento Erik le dijo “ve tú también Rob, saco yo”. Así le salvó la vida.

Jan Joengbloed mantiene aún hoy el récord de presencias en el campeonato holandés. En sus 27 años de carrera salió al campo 707 veces. Récord que será muy difícil de superar.

Al final la elección de Jan Joengbloed de no salir nunca de Holanda, aún después del Mundial de 1974 cuando le llegaron ofertas de equipos alemanes, belgas y franceses. “Tengo una actividad que atender, acá están todos mis amigos y vivo en el país más lindo del mundo:Holanda”. La misma Holanda que tuvo mucha dificultad en aceptar que ese “patito feo” defendiera la puerta de uno de los mejores equipos de la historia del fútbol… para después enamorarse de él y de su estilo único y revolucionario.

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Remo Gandolfi è nato e vive a Parma. Ha un patentino di allenatore messo in qualche ripostiglio a prendere polvere, ama il calcio, il ciclismo, la musica rock, la storia contemporanea, l’Argentina, tutti i piatti con il tartufo e la Guinness. E sull'amato pallone la pensa esattamente come Angel Cappa, figura romantica del calcio argentino: “Non si può ridurre il calcio solo al risultato, come non si può ridurre l’amore solo all'orgasmo”.

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